El ciclista de Movistar Matteo Jorgenson ha explicado en Twitter las claves de la mejora en su rendimiento en 2023. Sus declaraciones han generado polémica, puesto que el corredor ha desvelado una fuerte inversión económica personal en su desarrollo. Las redes sociales han vuelto a girar a muchas revoluciones por minuto, pero vayamos con una explicación legal de este apartado y aportemos datos y sistema de trabajo.
Para entender bien la polémica, lo primero es conocer las declaraciones de Matteo Jorgenson: «En primer lugar, estas cosas no suceden de la noche a la mañana. Ni siquiera en un año. En 2021 me hundí muchísimo en el período primaveral y tuve un Giro absolutamente horroroso en el que apenas llegué a meta todos los días con los últimos corredores. En 2022 el Tour de Francia me sirvió de estímulo gigante. Ahora puedo decir que me he gastado hasta el último céntimo de mi sueldo en lo que va de año en mi propio rendimiento. Entre campamentos en solitario, material de contrarreloj, nutrición, masajes y ‘motorpacing’; todo me ha hecho mejorar».
En redes sociales se ha especulado mucho en la idea de que los equipos más poderosos desde el punto de vista económica invierten más dinero en rendimiento que otros equipos. Pero veamos la visión de la Unión Ciclista Internacional y aportemos datos objetivos. Para la UCI, los equipos WorldTeam son la elite mundial y deben pasar una auditoría de gestión. Es decir, no es suficiente con la auditoría deportiva (los puntos), ética (ausencia de dopaje), financiera (avales y puntualidad en los pagos)… También es necesario demostrar una buena gestión administrativa.
Y para ello la UCI marca dos vías de trabajo en el apartado de la preparación: los equipos pueden indicar que controlarán directamente la preparación de todos y cada uno de sus corredores o pueden dejar la preparación del ciclista en manos del propio corredor. Ambos modelos son válidos y legales, pero con matices.
Si el equipo gestiona la preparación de todos los ciclistas, cada entrenador puede llevar solo a ocho corredores puesto que se va a exigir una dedicación absoluta. De ese modo, es necesario un mínimo de cuatro entrenadores por equipo WorldTour. La propia UCI puede reclamar los planes de entrenamiento, con las fases de descanso y la comunicación completa entre preparador y ciclista. Es más, el equipo está obligado a identificar ante la UCI quién es el preparador físico de cada ciclista.
Sin embargo, los equipos también pueden permitir que los ciclistas tengan su propio entrenador. En ese caso, la UCI obliga a que exista una figura de Jefe de Rendimiento como coordinador de los planes externos. Ese cargo está obligado a supervisar los planes de preparación de los preparadores externos, a controlar que haya una buena coordinación y a estar en contacto con el corredor y con su preparador personal. También el equipo debe informar a la UCI del nombre de ese preparador externo y, por supuesto, debe ser una persona con licencia UCI.
Respecto de los gastos, la UCI no marca nada desde un punto de vista legal. Pero es evidente que cada equipo trabaja con una fórmula diferente. Algunos lo pagan todo: concentraciones, túnel del viento, nutricionistas… Otros no pagan nada que no sea el salario. Pero la fórmula más extendida es un mixto. En ese sentido, Zikloland conoce de casos en los que el equipo pone a disposición del corredor una cantidad anual para esos gastos de desarrollo técnico que el ciclista puede invertir y que será pagada tras la presentación de las facturas correspondientes.
Fuentes de uno de los equipos que apuesta por la fórmula mixta han explicado: «El problema muchas veces es de feeling y de implicación. Si llevas a un corredor a todos los lados y pagas todos los gastos, el ciclista sigue un plan externo sin pensar ni valorar lo que se está haciendo. A veces hemos llevado a toda la plantilla a un nutricionista, lo hemos pagado y hemos visto que la mitad no hacía ni caso, por lo que estábamos pagando un servicio en el que tenías a un cincuenta por ciento de gente que no estaba implicada».
En ese sentido, la misma fuente añade: «Si llegas a un acuerdo de pago mixto, el ciclista se implica mucho más. Por ejemplo, es muy habitual que los ciclistas paguen su hotel en una concentración en altitud, pero tú pones a su disposición un mecánico y un masajista, pagas los hoteles de los auxiliares y pagas la gasolina que esos días se consuma, así como el viaje de todos, incluido el ciclista. Es una manera de respaldar al corredor, de que se sienta arropado, pero al mismo tiempo de pedirle que él también se implique. Al final, dentro de un presupuesto millonario, hablamos de cifras ridículas, pero es una fórmula que nos funciona bien».
Otros, en cambio, prefieren que el equipo abone y coordine todos los gastos por la mejora. Jumbo-Visma es un claro ejemplo en la actualidad y viene a continuar la senda del equipo Sky (ahora Ineos), pero también de otros como DSM, que tienen una estructura muy jerarquizada y en la que es el equipo el que tiene siempre el control y el que decide en cada momento la inversión y la gestión de los recursos. Es más, en ese tipo de estructuras la contratación de un nutricionista o la concentración en solitario en altitud no está permitida, puesto que sólo se puede trabajar en el seno del bloque. En definitiva, modelos diferentes de gestión para un mismo objetivo: lograr el máximo rendimiento.